Florencia se enojó porque la puerta de entrada sigue a medio pintar.
Andrés se defiende y da las explicaciones del caso.

Sus voces van subiendo de tono y se genera una larga discusión.

Andrés no entiende por qué tanto escándalo por una tarea sin terminar. Para él todo es muy simple y es ella la que complica.
Florencia se siente incomprendida, él no escucha, se encierra en su posición. Ella se angustia cada vez más.

Estos asuntos muy a menudo generan tensiones, conflictos y malestar en la pareja. En la casa hay una cantidad de cosas que no se han hecho. Ella reclama y él no se hace cargo.

¿Es acaso ella demandante, pesada y caprichosa?
¿O él perezoso, indolente y tozudo?
¿Por qué la resolución de problemas aparentemente tan sencillos terminan en peleas, reproches y llantos?
¿Es acaso esto inevitable?

Lo primero que hay que entender es que el hombre establece las prioridades de una manera totalmente distinta a la de la mujer. Su visión está más centrada en lo práctico y menos en lo estético, en los detalles.

Por otra parte está naturalmente establecido que hay un sector de la casa que pertenece al ámbito masculino. Él siente que es de su exclusiva responsabilidad resolver estas cuestiones. Y ella descansa en que él las va a resolver.

Pero él lo hace de acuerdo con su orden, con su visión de las cosas.
Aunque él entienda y escuche lo que ella necesita, a poco de andar retornará a su lógica.

Lo que es importante para el hombre no es lo mismo que lo que es importante para la mujer.
También desde lo emocional las vivencias son diferentes.

Para el sentir masculino se trata simplemente de un problema sin resolver, de un trabajo pendiente.

Por el contrario, desde el punto de vista femenino se genera un fuerte sentimiento de vergüenza. Para la mujer la prolijidad y los detalles de la casa son algo en lo que se ve expuesta a la mirada ajena, sobre todo a la mirada de otras mujeres. Su valoración como mujer depende mucho de lo que supone que juzgarán los otros.

Por lo tanto le ocasiona un gran sufrimiento que haya cosas desprolijas, sin terminar, sin arreglar, sufrimiento que se expresa como angustia, como frustración y hasta enojo y llanto.

El hombre no puede comprender todo esto y lo interpreta como capricho, como antojo.
Generalmente cree que lo que pide la mujer es demasiado complicado e irrealizable, se sobreexige, se bloquea.
A veces también lo interpreta como que ella intenta dominarlo, manejarlo.

Para la modalidad masculina todo esto son minucias, pequeñas cosas incomprensibles de las mujeres, veleidades femeninas.
Los hombres no advertimos la dimensión de estas desavenencias.

La situación ahora se ve agravada por el nuevo posicionamiento de las mujeres. Ya no se someten calladamente, expresan sus necesidades. Ya no sienten que deban depender de su pareja o de su marido para resolver un problema: ganan su propio dinero y son capaces de tomar iniciativas. También podrían poner ellas manos a la obra: pintar, revocar, serruchar, etc. O de otro modo recurrir a un amigo, pariente o conocido, o bien pagar una persona que haga el trabajo correspondiente.

No obstante, muchas veces se debaten entre el impulso de su iniciativa y el respeto por el ámbito propio de su pareja. Así como a ella no le gusta ver invadida y atropellada la cocina, cree que no debe arrollar el lugar del otro.

Hay algo que influye desde lo profundo y es la existencia de un pacto atávico que establece una división de responsabilidades. Cuando no se cumple se generan sentimientos de malestar.

Así como el hombre experimenta desprotección cuando ella no cocina, la mujer siente una gran desprotección cuando él no se hace cargo de los arreglos de la casa. Lo vive como una falta de consideración.
QUÉ HACER

PARA ÉL
Cada vez que sienta que su mujer es “caprichosa o histérica” en sus pedidos de arreglos de la casa, trate de comprender la vergüenza, la angustia y el sufrimiento que a ella le originan estas cosas.

Rechace toda idea de que ella lo quiere mandonear o manejar. Por el contrario trate de ver que ella se siente desprotegida por su actitud.

Escuche y tome nota de los pedidos de su pareja.
PARA ELLA
Trate de expresar sus necesidades como pedidos, no como reclamos.

Intente explicar qué es lo que usted siente, qué le generan las actitudes de su pareja frente a los arreglos de la casa. Haga todo lo posible para no culpabilizar.

Recuerde constantemente que si él no hace las cosas no es por mala intención, desconsideración o dejadez sino porque tiene otra visión.
PARA LOS DOS
Es muy importante quedar de acuerdo sobre las prioridades y revisarlas periódicamente para ver si se están cumpliendo.

Tener paciencia para comprender las diferencias sobre el sentir y el pensar respecto a estas cosas.

Sabemos que la fuerza de la inercia es poderosa y que tendemos, influidos por ella, a la repetición de pensamientos, actitudes y modos de acción.

Leer estas líneas nos invita a poner en práctica algo distinto.
Sólo así obtendremos resultados. Recordemos que si hacemos siempre lo mismo seguiremos en idéntica situación. Lo diferente trae el cambio. Soy un convencido de que somos artífices de nuestra pareja: No cabe la menor duda de que el amor es un sentimiento, pero el amor perdurable es un acto voluntario, de constante compromiso, que se construye con cuidado y dedicación.


* Ex – Director de IATENA Instituto Argentino de Terapias Naturales