La imagen paterna se consolida con la presencia y el apoyo permanente frente a un hijo varón que demanda modelos.

Durante mucho tiempo, el padre ausente y distante fue casi un paradigma de nuestra cultura. El niño era criado en un medio femenino. No obstante, había ritos de iniciación que marcaban el ingreso al mundo masculino: cuando el muchachito se ponía los pantalones largos y cuando hacía el servicio militar.

Por otra parte el camino hacia la identidad masculina estaba claramente señalizado por normas y pautas estrictas: cómo debía vestirse un hombre, cómo debía cortarse el pelo, comportarse frente a una mujer, hablar o moverse.

También había lugares donde se podía facilitar la transición del ámbito femenino al ámbito masculino: el club de barrio, la canchita de fútbol, los bares (que eran exclusivos para hombres), la parroquia, el movimiento político juvenil, etc.

Hoy en día la construcción de una identidad masculina es mucho más incierta y conflictiva debido a la ausencia de todos los elementos anteriormente citados. De ahí que sea tan importante una buena relación padre e hijo y que tomemos conciencia de lo pernicioso que puede ser en estos momentos el modelo de padre ausente y distante.

Un hijo que crece con un padre de estas características no se siente querido.
“¿Qué hice mal que mi padre no me quiere”, se puede preguntar; o peor aún: “¿Qué tengo yo de malo que mi padre no me quiere”.

Más todavía, cuando estas preguntas no se pueden formular conscientemente, se genera un sentimiento de culpabilidad que es la semilla de comportamientos indeseables en el niño o el joven: rebeldías inexplicables, conductas desafiantes, búsqueda de situaciones riesgosas, o por el contrario, miedos, dudas, inseguridades y profundos conflictos acerca de la propia masculinidad.
Deberíamos agregar a esta lista de problemas un largo etcétera.

 

ALGUNOS DE LOS ERRORES PATERNOS MÁS COMUNES

Muchos padres todavía tienen temor de estar con el bebé o el prejuicio de que debe ser “atendido” por su madre. Es deseable que la relación con el hijo comience apenas nace.
Algunos tienen una relación cariñosa con el chico hasta que se transforma en un adolescente. Entonces, en esa etapa se alejan, no saben qué hacer, o dejan de besarlo o hacerle alguna caricia. Es como si la ternura no estuviera permitida entre varones, ni siquiera entre padres e hijos. El muchachito se siente súbitamente abandonado.

Otras veces es el púber o el adolescente el que siente vergüenza del contacto físico con su padre y se retrae. Entonces, éste no perdona el rechazo y adopta una actitud hostil.
El padre se siente decepcionado porque su hijo no sigue sus gustos, sus inclinaciones, su cuadro de fútbol, su modo de ser.
Es muy fuerte el mito del heredero, o del hijo que realizará el sueño paterno frustrado o que continuará con la tradición familiar.

El padre que critica la moda que sigue su hijo, su forma de hablar, la música que escucha o las películas que ve. Intenta inculcar que “todo tiempo pasado fue mejor”.
En el otro extremo está el padre “amigo” que se mimetiza con su hijo adoptando formas adolescentes. No sabe poner límites y le cuenta sus problemas originando con esta actitud una gran confusión.

 

QUÉ HACER

Si tiene dudas o está desorientado busque dónde asesorarse. Muchos hombres desestiman la psicología porque prejuzgan que “es cosa de mujeres o personas débiles”. No se sienta avergonzado de buscar información o consejo, los padres de antes no lo necesitaban porque habían aprendido en la experiencia un modelo aplicable. Esto ahora no existe.

Si la información no le basta, busque ayuda profesional. Nadie puede decirle qué debe hacer, pero sí pueden ayudarlo a pensar.

Hágale saber a su hijo que usted no está porque trabaja para poder alimentarlo, proveerlo y cuidarlo.

Llámelo por teléfono desde su trabajo, y si es posible llévelo con usted aunque sea una vez. Suele ser una experiencia fascinante e inolvidable para los niños y que le confiere sentido a muchas cosas.

Aprenda a decirle “te quiero” a su hijo de tanto en tanto. Aunque le cueste. Si no puede escríbaselo.

Valore lo que el chico hace: el estudio, los deportes, su entretenimiento favorito. No lo juzgue ni lo critique.
Si no comparte sus inclinaciones musicales no necesita aturdirse junto a él, simplemente hágale saber que sus gustos son distintos sin menospreciarlo.

Comprenda que su hijo vive en un mundo diferente, que no cumplirá con sus expectativas, que tendrá actitudes y pensamientos que no se parecen a lo que usted experimentó en esa edad.

Muchas veces los hijos necesitan simplemente ser escuchados, nada más. Y nada menos. Necesitan que se los escuche sin ser juzgados, sin ser criticados, sin consejos ni sermones.

 

Paternidad y masculinidad

Ser padre hoy en día es un gran desafío. Sin duda experimentamos preocupaciones, temores y una gran incertidumbre, pero el construir una sólida relación con nuestro hijo varón es la hermosa tarea de ayudar a tallar un alma masculina y de descubrir en nosotros mismos nuevas formas de expresar la masculinidad.
Es la maravillosa oportunidad de los nuevos varones.

 


* Ex – Director de IATENA Instituto Argentino de Terapias Naturales