por Lic. Juana Tucci
Artículo publicado en el Diario Convivir, AÑO 24 | N° 265 de  mayo 2016, en el suplemento sobre Celiaquía.*

 “La salud coexiste con nosotros; la enfermedad acontece ocasionalmente.
La salud nos acompaña desde el nacimiento;
la enfermedad es un fenómeno superficial.”
Osho

Conocimos a Abril en un taller de preparaciones sin TACC ni lácteos  que se hizo en nuestra Escuela.

Al final del encuentro, esperó a que todos los participantes se fueran y con lágrimas en los ojos agradeció sentir, por primera vez, que ahora sí tenía herramientas para preparar platos que podría compartir con su familia o amigos.

Nos abrazó muy emocionada y compartió con nosotros su dolor.

Desde el momento en que le diagnosticaron celiaquía, sintió que su vida se derrumbaba, esa era su sensación.

Había leído acerca de las restricciones y cuidados que se deben tener e imaginaba un mundo de soledad, sin poder compartir comidas familiares o salidas como hasta ese momento.

Pero, siguió diciendo Abril, lo más fuerte para ella era la sensación de tener, de por vida,  “colgado un cartel” por ser enferma.

Para Abril, entrar en el mundo del sin TACC significó también un duro golpe a su economía y la obligó a tener que adaptarse a gustos diferentes, comidas que no le agradaban, y a sufrir por lo que consideraba una adicción a la harina de trigo.

Sufría en secreto para no entristecer a su familia. Se aisló y no aceptaba invitaciones. Y si lo hacía, llevaba su vianda, que no compartía porque a pocos les gustaba lo que comía.

Si bien conocíamos estas sensaciones porque son comunes a la mayoría de las personas que reciben el diagnóstico, no podíamos dejar de emocionarnos por la fuerza del relato.

Pensaba, mientras la escuchaba, que esto es lo que se siente desde el paradigma dominante, centrado en la enfermedad y que estigmatiza a quien padece cualquier tipo de alteración física, mental o emocional.

Sin embargo y coexistiendo con esa vieja mirada, crece cada vez con más fuerza el paradigma llamado alternativo que propone un abordaje centrado en la salud y con una mirada hacia la persona como una totalidad mente-cuerpo-energía-espíritu.

Es desde aquí que la salud es el estado natural del Ser humano, y la Enfermedad puede ser tomada como una invitación al aprendizaje, una ocasión de despertar nuestras propias capacidades autocurativas.

Se lo planteé a Abril y preguntó cómo es posible pensar así, siendo que su enfermedad es irreversible y que tendrá que convivir con ella de por vida.

Es cierto, tendrá que convivir con su defecto de la mucosa intestinal. Pero al mismo tiempo puede permitirse desarrollar otros aspectos de su personalidad, como el de la aceptación de su realidad, aprendiendo a diferenciar la aceptación de la resignación.

Solemos luchar contra lo que nos sucede, en lugar de incorporar esa realidad y ampliar nuestra búsqueda a través de propuestas superadoras y creativas, habitando espacios hasta entonces desconocidos.

Un ejemplo es su llegada a este taller, que la llevó a descubrir un nuevo mundo que no había imaginado.  Porque se veía siempre llevando a cuestas su vianda y mirando cómo los demás comían lo que ella ya no podía.

Comenzó a sospechar que tenía que dejar de sentirse diferente y entender que la clave está en hacerse responsable de buscar las herramientas para disfrutar de la Vida.

La sensación que se tiene con problemas relacionados con la comida,  como es el caso de  la celiaquía, es la de la exclusión y el rechazo. Sentimientos tan primarios y tan básicos capaces de desorganizar a cualquiera!

Pero al probar unas pocas preparaciones, hechas con harinas de algunos cereales sin TACC elaboradas en el momento por ella misma, al tocar y sentir la energía de Vida, experimentó por un instante la magia de la transformación alquímica.

En todo cambio en la alimentación, en todo momento de transición es necesario “poner las manos en la masa”.  El cambio comienza con la revalorización del Ser cocinero, al que el doctor Andrew Weil, en su libro “Sabemos comer?”  llama “un alquimista en la cocina”.

Seguí pensando en la crueldad de la mirada tradicional acerca de la enfermedad, donde la propuesta es luchar contra la misma.  Y, en este caso, luchar contra qué?  Contra un defecto de la mucosa intestinal? Cómo?

El verdadero camino es otro.  El de aprender a transitar la Vida reconociéndonos como seres en evolución y dejar de dividir en bueno o malo, enfermedad o salud, porque son dos caras de una misma moneda.

Ese día quedaron muchas cosas para seguir hablando con Abril pero su mirada y su abrazo nos dieron la pauta de que entendió que era posible pensar en optimizar la realidad que le tocaba vivir.

Quedamos en seguir profundizando y era tan fuerte la emoción que me embargaba que pensé que si bien era una historia ya conocida por quienes padecen el mismo problema, valía la pena compartirla.

Cada vez son más las personas que se acercan a los cursos y talleres sin TACC, aún sin ser celíacas, porque comprenden el beneficio de no consumir alimentos con gluten.  Y eso es una buena noticia para quienes son celíacos.

Porque aumentan los lugares especializados, porque se amplían las opciones y porque se acortan las barreras.

Esta nota está pensada y sentida desde la emoción que provocó Abril con su agradecimiento y su conmoción profunda y está dedicada a todos aquellos que, como ella, padecen un problema que se está extendiendo cada vez más.  Pero que tiene solución, desde el lugar del Amor y la aceptación.

 

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